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_____ Entre tradici√≥n y modernidad      Juan Manuel Bonet (1986)


Juan Jos√© Barber√°, que tiene treinta y dos a√Īos, lleva bastantes pintando, pero a diferencia de algunos de sus paisanos y compa√Īeros de generaci√≥n, no ha prodigado sus exposiciones. Presente a lo largo de lo que llevamos d√©cada en varios de los premios y colectivas que han jalonado la renovaci√≥n art√≠stica valenciana, se ha mostrado muy prudente a la hora de su presentaci√≥n en solitario. Esa hora ha sonado, y hay que alegrarse de ello, porque para √©l los a√Īos no han pasado en balde, y en su trabajo alcanza ya una madurez y una seguridad muy notables.


Fue en la edici√≥n de 1980 del Premio Senyera, donde vi por vez primera un cuadro suyo. Era aqu√©l un cuadro de gran formato, en colores apagados. Obtuvo una de las menciones honor√≠ficas. Su autor aparec√≠a en la muestra como uno de los pocos expositores-en la misma l√≠nea estaba Sanle√≥n-que proviniendo de San Carlos interpretaban la ense√Īanza recibida en sus aulas como algo m√°s que un conjunto de convenciones unido a otro de prohibiciones. Mirado desde el √°ngulo opuesto, era tambi√©n uno de los pocos pintores ¬ę modernos ¬Ľ ah√≠ reunidos, que no le ten√≠an miedo a ¬ę lo antiguo ¬Ľ, que demostraban capacidad para inscribirse en una tradici√≥n, que no ca√≠an en la tentaci√≥n de la taula rasa. Aquel cuadro, a la hora de los premios fue uno de los pocos sobre los cuales pudo establecerse sin dificultad un consenso entre el ala conservadora y el ala renovadora del jurado. Resaltaba precisamente por su discreci√≥n, por lo no estent√≥reo, por lo contenido de su estilo. Hab√≠a all√≠ un pintor. Hab√≠a all√≠ un gusto por la materia, por la pasta, que revelaban a un pintor conocedor de la cocina del oficio. Hab√≠a tambi√©n una ligereza, un toque, un refinamiento que hac√≠an pensar en ciertos espa√Īoles de la Escuela de Par√≠s. Bores, Pancho Cos√≠o, Clav√©, eran algunos de los nombres que a uno se le ven√≠an a la memoria.


Ahondando en esa veta, Barber√° estuvo luego en Madrid en la Casa de Vel√°zquez, gracias a una beca del Ayuntamiento de su ciudad. En las colectivas de la Casa, tambi√©n desentonaban para bien sus peque√Īos cuadros en voz baja, bodegones y escenas con figuras, muy finos, muy aquilatados, en grises, ocres y azules, sueltos y vertebrados en ocasiones por un dibujo √°gil que llegaba a adquirir la forma del esgrafiado. Cuadros m√°s ¬ę franceses ¬Ľ, parad√≥jicamente, que buena parte de lo que representaban muchos pensionados de aquella nacionalidad.


Vuelto a Valencia, Barberá ha estado bastante tiempo sin exponer individualmente. De ahí la importancia de la muestra que ahora se dispone a presentar.


En su estudio de la Plaza Redonda- lugar fascinante por cierto esta plaza, y m√°s todav√≠a contemplada desde la vertical-, vi hace algo m√°s de un a√Īo parte de lo que va a exponer. En algunos de los papeles y cartones, se hab√≠a olvidado un poco de su tradicional mesura, para atreverse con selvas, con animales y con colores muy estridentes. Tales audacias no parec√≠an irle mucho. Al pronto me desconcert√≥ el cambio. La materia de la pintura se espesaba hasta formar grumos e incorporar objetos extra√Īos: se√Īal inequ√≠voca de contagio respecto de la obra de Barcel√≥. De un modo m√°s gen√©rico, se advert√≠a que hab√≠an soplado por ah√≠ los vientos de las nuevas corrientes europeas. En obras m√°s recientes, que s√≥lo conozco por fotograf√≠as, hay momentos en que esos vientos siguen soplando. La gran figura negra sobre fondo amarillo, de 1985, hace pensar en alguna figura de Enzo Cucchi.


A través de esas obras de otros, sin embargo, el pintor se buscaba. No le vino mal a la postre el comercio con nuevos modos de abordar la pintura. Pasado el primer momento de desconcierto, la mirada empezaba a reconocer, a desgajar un conjunto de pinturas que, en lo profundo, escapaban a la nueva manera, y que nos devolvían las cualidades del Barberá de siempre. Por las mencionadas fotografías de la obra posterior, me da la impresión de que Barberá ha encontrado su centro, aprovechando algunas de las zonas por las que ha transitado, pero insistiendo sobre esas cosas más suyas.


La figura humana es la apoyatura principal de la pintura actual de Barberá. Una figura emblemática, reducida a su mínima expresión. Simple pretexto, no para contar una historia, sino para desplegar las seducciones, los prestigios, la materia de la pintura.


La pintura espa√Īola de nuestra d√©cada est√° m√°s preocupada que la de otros pa√≠ses, por la tradici√≥n, por los juegos de la memoria hist√≥rica, por una reflexi√≥n sobre el pasado. Barber√°, en ese sentido, no es una excepci√≥n. Le sigo viendo como alguien que ha asimilado muy valiosas ense√Īanzas de la parte m√°s impresionista de la pintura post-cubista: o dicho de otro modo como un hermano espiritual de aquellos pintores que, como Braque o Bores, necesitaron, a partir de los esquemas y de la ascesis cubista, volver a cierta vibraci√≥n lum√≠nica, a cierta sensaci√≥n de vida, acierta sensualidad. Pero m√°s all√° de esta base, su trabajo reciente se orienta en otra direcci√≥n. Contemplando sus sencillas, casi ingenuas figuras de pescadores, sus cuerpos en el agua, la mano que saca del azul ultramar un pez rojizo, las caras tan graciosas, nuestra memoria las conecta con otras figuras. S√≠, tienen algo de las que yo llamar√≠a pinturas primeras, esas pinturas que diseminadas por todo el √°mbito mediterr√°neo, Creta, Santorini, Etruria, Pompeya, Fayum, siguen hablando poderosamente a nuestra imaginaci√≥n. Santorini sobre todo, y sus murales tan hermosos, y a prop√≥sito de murales tampoco hay que olvidar ese curso de pintura al fresco rom√°nico que el pintor sigui√≥ en San Cugat del Vall√©s, ni todo lo que el rom√°nico, v√≠a Picasso, ha aportado a la imaginer√≠a del arte moderno. Se ha intentado a veces una definici√≥n est√©tica de lo valenciano actual a partir de idea de mediterraneidad, y aunque siempre he sido un punto esc√©ptico al respecto, hay que reconocer que en el caso de Barber√° ( y en algunos otros: el raro Manuel S√°ez, el neo-noucentista Mart√≠ Quinto, el barroco y profuso Morea ) es en esas aguas donde ba√Īa su proyecto.


Dobles figuras hier√°ticas, pescadores, bodegones con peces a lo Braque, rostros como m√°scaras africanas, mujeres desnudas con algo tambi√©n de tot√©mico, inscripciones, firmas desplegadas a lo ancho y que realzan cierta cualidad mural o ceremonial ¬Ö Esta pintura en grises, en ocres, en azules, en rojos, tienen una presencia inconfundiblemente suya, excava su propio espacio, se adentra en sus propios fantasmas. Su contenci√≥n formal y estil√≠stica sigue siendo su principal virtud. A ese su habitual y s√≥lido clasicismo vienen a a√Īad√≠rsele virtudes m√°s modernas- barridos, gestos, aguadas en blanco sobre rosa que casi podr√≠an ser de la Frankenthaler- que le a√Īaden complejidad. Con esta muestra Barber√° se sit√ļa en ese punto al que tan dif√≠cil pero tan necesario es llegar, y en el que coexisten, en di√°logo creador, tradici√≥n y modernidad.

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MESA NEGRA
1986 , técnica mixta sobre tela , 420 cm x 200 cm ,
Colecci√≥n Klaus Kramer , Espa√Īa
>>> DICCIONARIO DE ARTISTAS VALENCIANOS DEL SIGLO XX
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